Somos testigos de cómo ha evolucionado en tan poco tiempo la detección del acoso escolar y su consecuente intervención, aunque quede mucho por descubrir y trabajar. Sobre un problema que antes se normalizaba, ahora se señala y se condena. Si nuestro objetivo como sociedad es implantar una ética basada en la convivencia, se convierte en algo incompatible cuando permitimos que uno de cada 25 alumnos (según el informe Cisneros) sufran una exclusión que permita que caiga sobre ellos todo el peso de la violencia y la frustración. Ya no vivimos en una sociedad que justifique el dolor de uno para el bien del resto, el lema de hoy en día es “o todos o ninguno”.

El acoso escolar, en otras culturas denominado “matonismo” o bullying (intimidación) se caracteriza por tres aspectos que han de cumplirse, dentro del contexto escolar, para poder diagnosticarlo:

  • Violencia tanto psicológica (verbal, social, amenazas…) como física.
  • No solo ha de haber voluntad de hacer daño, sino que se mantiene en el tiempo y nada cambia.
  • Refuerza una relación basada en el poder y la sumisión.

 

Estudios y que dicen al respecto

Tanto el informe “propuestas para la acción” de Save The Children (2016) como el informe Cisneros X (2007) apuntan dos de entre muchas cuestiones a tener en cuenta en este grave conflicto social, y en los que me quiero centrar. Por un lado, que en España predomina la violencia psicológica frente a la física, y, por otro lado, la importancia del estilo de crianza, ya que tanto una crianza permisiva como una autoritaria (en términos absolutos) aumenta el riesgo de que el/la menor sufra acoso escolar o protagonice la agresión.

 

En España predomina la violencia psicológica frente a la física

Cuando vemos que la violencia física es superada por la psicológica (en el informe Cisneros lo señala como “bloqueo social”, “hostigamiento”, “manipulación” …) cabe preguntarnos, ¿Qué tiene la violencia de este tipo, que beneficie tanto al agresor en comparación con atacar de manera fuerte, poderosa y visible a todos como antaño? Y aquí esta una de las claves, lo visible es fácilmente condenable, mientras que lo que se intuye, solo se queda en eso, en una intuición. De esta manera, se hace difícil aclarar la detección, ya que en muchas situaciones faltan pruebas físicas a la hora de hacer el seguimiento por parte del centro.

Podemos ver además como en los medios de comunicación prima una noticia de este tipo cuando el menor ha sufrido moratones y contusiones por todo el cuerpo, o directamente se menciona el suicidio. Pocos se han centrado en que ocurre cuando no hay puñetazos, collejas o palizas, pero si una humillación constante antes de llegar al suicidio.

Toda relación basada en el poder, quien abusa elige a quien es vulnerable, independientemente de que sea por alguna discapacidad o enfermedad, o por una falta de adaptación social o control de impulsos. Esto es fundamental, si no queremos caer en el error de ver a la víctima como un creador de conflictos, normalizando la violencia psicológica, algo que también señala como preocupación el informe Cisneros X.

Ante la pregunta de qué hace vulnerable a la víctima, si la reacción al acoso escolar, o una carga que ya lleva consigo, la responderemos en otro artículo dedicado a ello. Sí diremos que este punto ha de considerarse cuando lo evaluamos, para llegar a una solución más completa.

 

La importancia del estilo de crianza

En su libro “Disciplina Con Amor” de Rosa barocio (2005), ya hace hincapié en este problema, diferenciando dos estilos de crianza:

  • Autoritario, basado en normas rígidas, ubicando al adulto/a (históricamente era el padre) como autoridad absoluta y gestor de la convivencia familiar. Los menores han de cumplir y acatar para ser buenos/as.
  • Permisivo, basado en normas más flexibles, orientadas a que el menor no se encuentre de frente con la frustración de que le falta algo, que no sufra, ubicando al adulto/a como quien satisface necesidades y previene el malestar. Los menores han de ser felices y no sufrir.

Cierto es que cada uno de estos estilos tienen sus puntos fuertes, pero dejan un vacío gigantesco, sobre todo a nivel de gestión emocional. En uno l@s niñ@s han de afrontar que hasta que no sea grande y fuerte, no se le puede valorar, mientras que en el otro se interioriza que “si quiero, se me satisface”, dejándole indefenso ante la idea de resolver sus propios conflictos. Entre estos dos polos de la crianza, ¿Cuál crees que puede llevar a un niño o una niña a posicionarse como acosadora en un centro escolar, y cuál como víctima de este? Os invitamos a la reflexión.

 

Importancia de inteligencia emocional.

Es por esta razón que la inteligencia emocional está ganando tanto terreno en los centros, ya que ayuda a captar en el contexto de la intuición y darle otro significado. En el momento que un comentario genera satisfacción en un lado de la balanza (agresor) y un sufrimiento que doblega en el otro (víctima), ya podemos inferir que esa relación de poder está germinando. Un trabajo enfocado en lo emocional puede ubicar a los alumnos en los diferentes contextos, de donde vienen, con quien se relacionan y quiénes son.

Cierto es que hay que considerar otros puntos más detenidamente para evaluar y solucionar este gran problema social, como el papel de los observadores, el de los adultos en general, las instituciones, los profesionales… pero por razón de espacio, tendremos que limitarnos. Sobre este tema iremos subiendo aportaciones que complementen las ideas ya expuestas.

Acceso al informe CISNEROS X

Acceso a PROPUESTAS PARA LA ACCIÓN, de Save The Children