Adicciones

“El límite es el patrimonio de la motivación y la identidad”
Roberto Aguado

Adicciones

El factor central se encuentra en una pérdida de control en la que el deseo impulsivo (hacia las compras, las sustancias, el juego, el sexo…) se convierte en necesidad y esclaviza a la persona. Aunque la tentación existe en todo ser humano, tenemos que hacernos responsables a la hora de establecer límites para poder convivir. Si el estímulo en concreto cobra tanto poder que es imposible frenar, la química cerebral enferma y domina a la persona, siendo natural tratar de racionalizarlo para que cobre sentido y no desesperarse (“cuando quiera lo dejo”, “solo uno más”, “no tengo ningún problema”).

La dinámica de la adicción suele empezar con la experimentación de la sustancia o el objeto de deseo, que proporciona sensaciones nuevas, eufóricas, aparentemente únicas y que no se encuentran en la vida diaria. Poco a poco, buscando volver a esas sensaciones, el placer va decreciendo debido al hábito, que acostumbra al cuerpo, generando nuevas necesidades de sentir esas emociones tan especiales. En este punto la persona se adentra en una etapa de búsqueda constante de bienestar, perdiendo interés en otras costumbres relacionadas con el esfuerzo, la paciencia, la tenacidad… dejando atrás proyectos que antes tenían sentido para el futuro mientras trata de mitigar los conflictos que en su entorno cercano se producen. Es habitual acabar tratando a la persona adicta como mentirosa y manipuladora después de tantas promesas que nunca se cumplen.

Al igual que el problema central está en el control, hallaremos la solución en la motivación. Encontrar caminos alternativos en los que el paciente disipe la necesidad de consumir y empoderarlo en tomar la senda que elija. Es posible fijar fechas para hacer controles toxicológicos paralelos a la terapia, dando un Feedback tanto al paciente como a su familia de los logros obtenidos y darle más poder para avanzar hacia un estilo de vida sano.

 

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