Los beneficios de ir a un psicólogo son amplios y satisfactorios, yendo más allá del aprendizaje en relajación, o el saber aplicar unas pautas ante situaciones estresantes. Él psicólogo entiende al paciente desde una perspectiva global, y aunque el paciente no sea consciente de todo el trabajo del profesional (tampoco tiene que serlo), el tratamiento psicológico es más profundo y certero de lo que popularmente se cree.

En este artículo comentaremos cuales son estos beneficios a nivel general. Cada paciente viene con un problema distinto que le abruma, y los tratamientos varían en función de sus necesidades actuales, por lo que los beneficios concretos también varían, aunque siempre hay.

El psicólogo ayuda a poner límite al sufrimiento

Desde la primera sesión, el psicólogo nos escucha con toda su atención, sabe acoger nuestro dolor y estar presente desde la distancia. Es como entrar en terreno desconocido, paso a paso, con respeto pero con decisión, sabiendo muy bien lo que hace. En el momento que sentimos que hablar de nuestros temores no produce daño ni rechazo, comenzamos a experimentar una contención sana al hacer más liviana nuestra carga, además de hacernos sentir importantes.

El psicólogo facilita el entendimiento del problema

Una vez hecha la evaluación con las herramientas que el psicólogo estime adecuadas, preparará una valoración cuyo objetivo será que el paciente entienda qué le impide solucionar el problema y cuál es el tratamiento para llegar a la solución deseada. La explicación experta siempre estará adaptada al lenguaje del paciente, siendo innecesario que sea experto en materia psicológica para comprender el problema.

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En general el motivo de consulta suele estar relacionado con algo que ya no funciona, quiere esto decir, que una forma de actuar, de pensar, de relacionarse ha funcionado hasta ahora pero por alguna razón, ya no es así. Una crisis de ansiedad, una ruptura, la muerte de un ser querido, una preocupación que ronda nuestra cabeza, puede ser el detonante que nos indica que algo se ha roto en nuestro interior, que estamos falto de recursos y de seguridad. Darle sentido a ese detonante nos ayuda a enfocarnos en la dirección adecuada.

El psicólogo descubre nuestras virtudes y defectos, acepta quiénes somos

A medida que avanza el tratamiento, todos los pacientes expresan aspectos de su vida de los que antes no eran conscientes, o en los que no se fijaban. Puede ser desde entender cómo reaccionan ante diversas situaciones, hasta donde aprendieron aquel comportamiento que tanto les cuesta cambiar. Los defectos no son muestras de nuestra incapacidad, sino una parte de nosotros que necesitamos aceptar. Cuando esos defectos afectan a aquello que nos produce tanto sufrimiento, el descubrimiento es más importante aún, convirtiéndose en una oportunidad para mejorarnos.

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Las virtudes pueden aparecer incluso antes de comenzar el tratamiento, solo que el paciente está inmerso en el problema y suele necesitar tiempo para hacerse consciente. El ser humano aprende pero también tiende a apartar lo aprendido, y esto puede afectar a los problemas actuales, siendo necesario, en ocasiones, acudir a antiguos aprendizajes para retomar nuestras riendas en el presente.

El psicólogo enseña estrategias para afrontar el problema

Parte del tratamiento consiste en entender el problema, y otra parte se basa en instaurar mecánicas de actuación ante situaciones concretas. Estas mecánicas suelen tener el fin, por un lado, de detectar con más facilidad cuando aparecerá de nuevo el problema, y por otro, de realizar las acciones adecuadas para cambiar el resultado que nos traía a la consulta. Para que esto se haga mecánico, como en cualquier dominio, es necesario practicar, y el psicólogo está preparado para hacer el seguimiento más adecuado según las posibilidades del paciente.

El psicólogo cambia el enfoque original, por lo tanto cambia de marco

Imaginemos que nos contemplamos desde la posición del psicólogo, escuchándonos mientras relatamos nuestra situación, observando nuestras reacciones. Seguro que percibiríamos mucho más de lo que podemos atender en primera persona mientras hablamos. El psicólogo en este sentido es como un espejo, trata de reflejar todo lo que necesitamos focalizar y da un cambio de sentido en nuestra percepción. Es habitual que los pacientes relaten situaciones en las que se sienten culpables y acaben entendiendo que la impotencia no deja otra alternativa en según qué momentos, liberando esa carga de culpa y prestando atención al cómo realizar ese cambio tan importante.

El psicólogo demuestra que el error es una oportunidad, no un fracaso

Generalmente somos poco reacios a cometer errores, considerando que el fallo representa una oportunidad perdida, y con ello el fracaso. Es muy importante que seamos conscientes de que en nuestro paso por la vida siempre realizaremos nuevos aprendizajes porque llegaran nuevas experiencias y tendremos que adaptarnos.

Si no nos permitimos errar, difícilmente podremos ser flexibles ante situaciones difíciles, augurando resultados catastróficos con casi total garantía. Saber detectar un error es como aceptar nuestra vulnerabilidad, y esta no necesita ser atacada, sino al contrario, cuidada.

En conclusión, la ayuda que puede proporcionar un tratamiento psicológico supera el alivio de un buen consejo, o de un abrazo. Esos “cambios de chip” que vivimos en un proceso terapéutico nos abren puertas a un estilo de vida más sano y satisfactorio, liberándonos de la carga y el dolor emocional que hemos acumulado durante tanto tiempo.

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