Algunas mujeres cuentan que lo peor no fue el hospital. Fue el lunes siguiente.
El lunes siguiente, cuando el mundo volvió a girar a la velocidad de siempre y tú te quedaste parada en mitad de una vida que ya no encajaba. Con el móvil lleno de mensajes que no sabías contestar. Con una ropa que ya no te vale y una habitación que ya habías empezado a imaginar.
El duelo perinatal es el proceso de duelo por la muerte de un bebé durante el embarazo, en el parto o a los pocos días de nacer, y tiene una característica que lo hace especialmente duro: casi nadie a tu alrededor lo llama duelo. Lo llaman “lo que te pasó”. Un disgusto. Una mala noticia.
Si estás leyendo esto, probablemente sea porque a ti sí te lo parece. Y quiero decirte algo antes de seguir: lo es. Es un duelo con todas las letras, aunque el mundo no te haya dado permiso para llamarlo así.
Duelo perinatal: el duelo que casi nadie te deja hacer
- ¿Qué es el duelo gestacional o duelo perinatal? Y desde cuándo cuenta
- Por qué la pérdida gestacional duele de una forma distinta a otros duelos
- El duelo desautorizado: cuando nadie te reconoce el derecho a estar mal
- Las frases que hieren queriendo consolar
- Fases del duelo perinatal: por qué este proceso de duelo no va en escalones
- Tu pareja no lo está viviendo igual, y no significa que le dé igual
- Duelo complicado: cuándo pedir ayuda psicológica
- Cómo transitarlo: qué hacemos en terapia tras la pérdida de un bebé
- Antes de cerrar
¿Qué es el duelo gestacional o duelo perinatal? Y desde cuándo cuenta
Cuando se habla de duelo gestacional o duelo perinatal se está nombrando lo mismo desde dos momentos distintos: el duelo gestacional apunta a la pérdida durante el embarazo y el perinatal abarca también la muerte perinatal y neonatal, que la literatura sanitaria suele situar hasta los 28 días de vida. Dentro de ahí entran realidades muy distintas: un aborto espontáneo en la semana ocho, una muerte fetal a término, una interrupción del embarazo por motivos médicos (lo que la ley encuadra como interrupción voluntaria del embarazo), un bebé que vivió unas horas.
Todas son la pérdida de un bebé. Todas dan lugar a un duelo gestacional o perinatal que merece el mismo cuidado que cualquier otro.
Y conviene decir claro otra cosa: la intensidad del duelo no depende de las semanas de gestación. No hay una tabla en la que a más tiempo corresponda más derecho a llorar. Hay gestantes que se derrumban tras una pérdida muy temprana y otras que atraviesan una más tardía de otra manera. Las dos cosas son normales.
Lo que sí cambia con la edad gestacional es cuánto lo reconocen los demás. Que no es lo mismo.
Y ahí está el nudo: la muerte del bebé antes de nacer parece no estar reconocida socialmente como una muerte, y eso deja a muchas madres sosteniendo solas una experiencia enorme.
Por qué la pérdida gestacional duele de una forma distinta a otros duelos
No es que duela más que otros duelos. Es un tipo de duelo distinto, y esa diferencia explica por qué las recetas habituales del consuelo no te sirven.
Un duelo sin recuerdos que compartir
Cuando muere una abuela, hay fotos, hay anécdotas, hay gente que llora contigo porque también la conoció. Hay un funeral y hay un sitio donde ir.
Cuando muere tu bebé durante el embarazo, el vínculo era completamente tuyo y casi nadie más lo vio. Tú ya le habías puesto nombre, ya sabías si dormía por las mañanas, ya habías imaginado su cara. Los demás pierden una idea. Tú pierdes a alguien que ya existía dentro de tu vida cotidiana.
Por eso el entorno se queda sin palabras. No es que no quieran acompañarte: es que no tienen a quién recordar contigo. Las personas en duelo necesitan que alguien nombre a quien falta, y en el duelo perinatal ese nombre casi nunca se pronuncia.
Un cuerpo que sigue en posparto
Esta parte casi nunca se cuenta y es de las más crueles.
Tu cuerpo no se entera de que no hay bebé. Sigue su curso: puede haber sangrado, puede haber entuertos, puede subirte la leche. Puede que tengas que decidir qué hacer con esa leche mientras aún no has asimilado nada. Las hormonas bajan de golpe igual que en cualquier posparto, y con ellas llega una labilidad emocional que asusta.
Estás haciendo un posparto y un duelo a la vez, y el cuerpo te recuerda cada día lo que la cabeza intenta procesar. Si además tuviste ansiedad durante la gestación, quizá te interese leer sobre la ansiedad en el embarazo, porque muchas veces ese hilo viene de antes.
El duelo desautorizado: cuando nadie te reconoce el derecho a estar mal
En psicología existe un concepto que encaja aquí como un guante: el duelo desautorizado. En la práctica, esto significa un duelo que la sociedad no reconoce como tal, y que por eso no recibe el permiso, el tiempo ni el acompañamiento que sí recibirían otros.
Se nota en detalles pequeños y demoledores. En los días de permiso que no existen. En que nadie te pregunta a los tres meses cómo lo llevas. En que tú misma empiezas a pensar que deberías estar ya mejor.
A veces se suma otra herida, la de la atención sanitaria: la habitación compartida con otras madres, el trato apresurado, nadie que te preguntara si querías ver a tu bebé fallecido o ponerle nombre. La calidad de la atención en esas horas influye muchísimo en cómo se transita después.
El problema no es que no lo superes: es que te han pedido superarlo sin dejarte empezar.
Y no, no eres exagerada. El aborto espontáneo es mucho más frecuente de lo que se habla: una revisión publicada en The Lancet en 2021 estimó el riesgo en torno al 15,3 % de todos los embarazos reconocidos, e insistió en que las consecuencias psicológicas (ansiedad, depresión y estrés postraumático) son habituales y están desatendidas.
Que sea frecuente no significa que sea leve. Significa que hay muchísimas mujeres pasando por esto en silencio, cada una convencida de que es la única que no lo lleva bien.
Si te estás reconociendo en todo esto, no esperes a que se te pase sola. En Terapéutica en Alza acompañamos pérdidas gestacionales y perinatales desde la psicología perinatal, en consulta en el centro de Zaragoza y también online. Puedes escribirme al 653 694 007 y contarme lo justo, lo que te salga. No hace falta que estés entera para pedir cita.
Las frases que hieren queriendo consolar
Casi todas vienen de gente que te quiere. Eso es lo que las hace tan difíciles de contestar.
- “Ya tendrás otro.” Como si un hijo sustituyera a otro.
- “Mejor ahora que más adelante.”
- “Por lo menos fue pronto.”
- “Es que la naturaleza es sabia.”
- “Tienes que ser fuerte, por tu pareja.”
Ninguna de estas frases busca hacerte daño, pero todas hacen lo mismo: te piden que dejes de sentir para que el otro deje de estar incómodo. Y tú acabas consolando a quien venía a consolarte.
No tienes que educarles ahora. Pero sí puedes darte permiso para poner distancia una temporada con quien no sepa acompañarte, sin culpa.
Si alguien de tu entorno ha vivido esto y no sabes qué decirle, quédate con lo más sencillo: preguntar cómo está, nombrar al bebé y no rellenar el silencio. Apoyar en el duelo gestacional consiste más en acompañar que en consolar.
Fases del duelo perinatal: por qué este proceso de duelo no va en escalones
Habrás leído lo de las fases del duelo. Te lo digo con cariño: olvídalas un poco.
Las fases del duelo que habrás visto dibujadas en cualquier esquema no funcionan así. El proceso de duelo no avanza en escalones: va y viene. Hay semanas de calma seguidas de un martes cualquiera en el que te derrumbas en el supermercado porque has visto una talla de recién nacido.
Y su duración es muy variable. Hay madres que han vivido esto y necesitan meses, y otras que necesitan años, sin que eso signifique que algo va mal.
Es habitual que en las semanas tras la pérdida aparezcan tristeza profunda, rabia (con el equipo médico, con tu cuerpo, con el mundo), culpa buscando una causa donde muchas veces no la hay, trastornos del sueño, pensamientos intrusivos sobre lo que pasó y una sensación rara de irrealidad. También lo es que haya días buenos y que te sientas culpable por tenerlos.
Y hay una emoción de la que casi nadie se atreve a hablar: la envidia. Ver a otra embarazada, o enterarte del embarazo de una amiga, puede doler de una forma que te avergüenza. Sentir envidia en este contexto no te convierte en mala persona: es lo que aparece cuando tienes delante justo aquello que perdiste.
Las fechas pesan de forma especial: la que habría sido tu fecha probable de parto, el aniversario, las Navidades. Saberlo de antemano ayuda a no interpretarlo como un retroceso.
Tu pareja no lo está viviendo igual, y no significa que le dé igual
Este es uno de los motivos más frecuentes de consulta después de una pérdida.
Tú lo has vivido en el cuerpo. Tu pareja lo ha vivido mirándote, y muchas veces con el mandato silencioso de sostener y no molestar con su propio dolor. Así que uno llora y el otro se refugia en el trabajo, y cada uno interpreta al otro desde su propia herida.
Sois dos personas en duelo con dos ritmos distintos, no una que sufre y otra que no. Poder decírselo en voz alta suele descongestionar mucho más que cualquier consejo.
Duelo complicado: cuándo pedir ayuda psicológica
No hay un plazo exacto, y desconfía de quien te dé uno. Pero hay señales que merecen atención.
Si pasados varios meses sientes que el dolor sigue igual de intenso y te impide funcionar en tu día a día, si evitas por completo cualquier cosa que te recuerde a lo ocurrido, si la culpa se ha vuelto una voz constante o si la idea de un nuevo embarazo te genera un miedo que te bloquea, es momento de consultar. Eso es lo que en clínica llamamos un duelo complicado. El DSM-5-TR reconoce desde 2022 el trastorno de duelo prolongado, que en adultos se plantea a partir de los doce meses: existe, tiene nombre y tiene tratamiento.
Y si en algún momento aparecen pensamientos de no querer seguir adelante, por favor, pide ayuda hoy mismo: en España tienes disponible el teléfono 024, gratuito y las 24 horas.
Cómo transitarlo: qué hacemos en terapia tras la pérdida de un bebé
No trabajo para que lo superes, porque ese verbo no encaja aquí. Trabajo para que puedas seguir viviendo con ello sin que te ocupe todo el sitio. Eso es, en el fondo, lo que llamamos un duelo sano: no uno que duela menos, sino uno que deja espacio al resto de tu vida.
Desde las terapias contextuales, que es mi marco habitual, en la práctica esto significa algo sencillo de decir y difícil de hacer sola: dejar de pelear contra el dolor y aprender a vivir con él haciéndole un lugar, mientras recuperas poco a poco las cosas que te importan. Hablamos de tu bebé por su nombre si lo tuvo. Ordenamos la culpa. Revisamos qué le pasó a tu cuerpo y qué te contaron en el hospital, porque a veces hay ahí una herida añadida que nadie ha mirado.
No se trata de superar el duelo ni de pasar página. Se trata de transitar el duelo a tu ritmo y con compañía.
Y si más adelante llega otro embarazo, lo acompañamos también, porque casi nunca llega tranquilo. Que podáis tener otro hijo no borra a este: son dos cosas distintas, y conviene que nadie las mezcle, tampoco tú.
Te dejo dos lecturas que muchas pacientes me agradecen después: pensamientos intrusivos en el posparto y no consigo quedarme embarazada y solo me dicen que me relaje. Fuera de la consulta, en España existe Umamanita, una asociación especializada en duelo gestacional y perinatal con guías y grupos de apoyo muy cuidados para padres que han perdido a un bebé.
Antes de cerrar
Vuelvo al lunes del principio.
Si hoy es tu lunes, o si tu lunes fue hace tres años y todavía se te encoge algo al leer esto, quiero que te lleves una idea: el tiempo por sí solo no cura un duelo que no se ha podido contar. Lo que ayuda no es que pase el tiempo, es poder ponerle palabras con alguien que no te apure.
Y no, recordarle no te ata al pasado. Muchas veces es justo lo contrario.
Cuando quieras hablarlo, aquí estoy.