Hablar en público nos coloca en una situación estresante de por sí, ya que nos expone a la mirada y al oído atento de un amplio número de personas, aún más si es una ponencia especializada. Por lo general, al comenzar una exposición nuestro cerebro entra en estado de alerta, generándonos ansiedad, preocupación y nerviosismo. Ante esta situación, ¿cuáles son las estrategias que nos permiten tolerar este estado de tensión?

Normalmente, a medida que avanza nuestra ponencia, este estado de alerta se atenúa, pero si no fuera así, para poder sentirnos lo más relajados/as posibles, tenemos que conseguir que la mente se mantenga centrada y atenta a pesar de que nuestra voz tiemble, el corazón palpite fuerte o la respiración se agite. El camino no pasa por eliminar sensaciones desagradables, tarea imposible, sino normalizarlas. No olvidemos que nuestra mente exagera lo que sentimos porque se activa como una alarma de bomberos para avisarnos de que hay problemas y, seguramente, la gente del público ni lo note.

hablar en público

En nuestro gabinete hemos trabajado con personas que tienen problemas a hablar en público. Aquí expongo ideas generales para mejorar las ponencias, pero si el problema persiste, se intensifica y genera sufrimiento, recomendamos buscar ayuda profesional.

Algo que suele ayudar a hablar en público es:

  • Prepararse bien el contenido de lo que se expone. Parece una obviedad, pero no es lo mismo estudiarse mentalmente la información que practicarla frente a un espejo. Mirarnos y practicar es como una simulación de la tarea real, nos ayudará a canalizar la tensión y aprender sobre nosotros mismos y nuestra manera de expresarnos.
  • Apoyarse en elementos visuales.Usar diapositivas, vídeos, o realizar tareas manuales con el público ayuda a centrar la atención en el elemento y no en la persona, rebajándonos algo de tensión.
  • Muévete. No importa si no hay una dirección o un propósito ya que los movimientos corporales, además de denotar expresividad, mejoran la eficacia para restablecer el equilibrio emocional. Quedarte quieto aumentara el riesgo de bloqueo ante la ansiedad, así que simplemente camina.
  • Tener claro el mensaje que queremos transmitir. Es habitual que la ansiedad o la preocupación nos bloquee y genere la sensación de quedarnos en blanco. Para afrontar este momento, es imprescindible que tengamos claro, resumido en una frase, cual es nuestro mensaje durante toda nuestra exposición. A partir de ahí, poder elaborar un guión que enlace mensajes secundarios, también resumidos en frases o incluso palabras, simplificará la tarea mental en caso de que tengamos dificultades.
  • Saber cuál es nuestro público. No es lo mismo hablar para personas sin conocimientos del tema, que para un público técnico-especialista. Esto nos ayudará a hacer, por un lado, nuestra exposición más sencilla o, por otro, centrarnos en aspectos más concretos si queremos aportar información especializada.
  • Habla con tu público. Aunque parezca lo más complicado, cuando establecemos un vínculo con la gente que nos escucha, nos facilitan mucho más la ponencia, haciendo que resulte hasta divertida. Desde luego, de la experiencia se aprende cuánto pedir del público que nos toque.
  • Usa el sentido del humor. Es posible que en una reunión empresarial o comercial tenga poca efectividad, pero en general el humor relaja la tensión y minimiza las preocupaciones. No es necesario ser exigente en esto y prepararse chistes, aunque tener lista alguna diapositiva en tono de humor sería una ayuda en caso de que nos preocupe no poder ser espontáneos.
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