Muchas veces mis pacientes son madres. Cada semana escucho historias de mujeres creativas, motivadas, educadas y relativamente acomodadas que aman profundamente a sus hijos. Estas madres están comprometidas con la salud de sus relaciones y dispuestas a hacer enormes sacrificios para garantizar el bienestar de sus familias.

La frustración de la maternidad moderna

Sin embargo, a pesar de sus buenas intenciones y su duro trabajo, el nivel de frustración que sienten muchas de estas madres es asombroso. Aunque sus circunstancias y personalidades varían enormemente, la frustración es sin duda uno de los hilos más brillantes y gruesos que se entretejen en el tapiz de su narrativa colectiva, que creo que es un microcosmos de la narrativa más amplia que comparten muchas de las madres de nuestra cultura.

Y a pesar de sus diferencias, la frustración une a las madres modernas. ¿Qué sentimiento es más frecuente que el amor por nuestros hijos?

Más que frustración: estrés y ansiedad de las madres

Si fuera solo frustración no me preocuparía tanto. Hay un cierto grado de frustración que parece natural cuando te enfrentas al caos, y los niños son caóticos por naturaleza.

Pero no solo están frustradas. En general, también están increíblemente estresadas, ahogadas en dudas sobre ellas mismas y llenas de ansiedad. Sea cual sea el grupo demográfico, muchas también se sienten avergonzadas de sus vidas desordenadas y de su incapacidad para «mantener el ritmo», aisladas e inseguras de en quién pueden confiar, y culpables de no poder dar a sus hijos más de lo que se merecen.

Lo irónico es que son más conscientes, disponen de más recursos y están mejor informadas que ninguna otra generación de madres en la historia del mundo, pero, aun así, se sienten inadecuadas, agotadas, derrotadas e insatisfechas gran parte del tiempo.

Preguntas que se hacen las madres frustradas

Casi todas estas madres se hacen las siguientes preguntas:

  • ¿Qué más tengo que hacer/aprender/comprar/añadir para aliviar el estrés y la insatisfacción que siento?
  • ¿Qué estoy haciendo mal?

Y la más desgarradora de todas:

  • ¿Qué me pasa?

Esta última pregunta no solo me duele, sino que cada vez me enfurece más. Desde mi punto de vista, el «¿Qué me pasa?» de una madre abrumada y trabajadora suena como la confusión cerebral de una superviviente de malos tratos que intenta averiguar qué ha hecho mal para merecerlos.

«¿Qué me pasa?» es, sencillamente, la pregunta equivocada. Es una pregunta que nos mantiene atrapados.

Esto es lo que creo que deberíamos preguntarnos en su lugar:

  • ¿Qué circunstancias contribuyen a la epidemia de madres frustradas, que dudan de sí mismas, abrumadas y ansiosas de nuestra cultura?

O, sencillamente:

  • ¿Por qué la maternidad moderna resulta tan frustrante?

Así que decidí hacer una lista de los factores que contribuyen a la frustración de las madres. Lo hago por tres motivos:

  1. Iniciar una conversación sobre las preocupaciones de las madres de hoy en día.
  2. Tener un recurso que pueda compartir con cada madre que se sienta abrumada.
  3. Transmitir el mensaje de que la frustración, el estrés, la ansiedad, las dudas y el agobio son comunes y no necesariamente un reflejo de incapacidad personal.

No resolveremos todos estos problemas de inmediato, pero cada paso que damos puede ayudar a mejorar la situación. Podemos empezar por cambiar la percepción del «qué me pasa» que tiene a las madres atrapadas y aisladas.

Sin más preámbulos…

Por qué la maternidad moderna es tan frustrante

  1. Expectativas altas, apoyo bajo: Las normas de crianza han aumentado mientras que el apoyo ha disminuido. Hace apenas una o dos generaciones, prácticas como pegar y avergonzar a los niños eran aceptables. Aunque ahora seguimos prácticas más sanas y cariñosas, la cultura se ha alejado del modelo de crianza compartida. La presión para cumplir estas normas más estrictas recae en un progenitor principal, generalmente las madres, que también deben llevar otros roles.
  2. Consumo total: La maternidad consume gran parte de nuestro tiempo y energía, dejando poco espacio para otras facetas importantes de nuestra identidad. Sin un equilibrio consciente y apoyo para desarrollarnos en otras áreas, alcanzar la plenitud puede ser difícil.
  3. Imágenes poco realistas: Nos bombardean con imágenes idealizadas de la maternidad y la feminidad a través del marketing, afectando nuestro sentido de identidad y creando expectativas inalcanzables sobre cómo deberíamos ser y sentirnos.
  4. Desvalorización de instintos: Nuestra cultura nos enseña a buscar respuestas en expertos y en Google, lo que desvaloriza nuestra intuición. Incluso aquellos que confían en su sabiduría interior a menudo sienten la necesidad de justificar sus decisiones ante los demás.
  5. Cambios rápidos en roles: Aunque los roles de género están cambiando rápidamente, aún seguimos influenciados por las expectativas tradicionales de que las madres deben asumir la mayor parte de la crianza, sin modelos claros de relaciones más equitativas.
  6. Múltiples responsabilidades: Se espera que las madres sean amas de casa, profesionales, padres excepcionales y más. Además, deben estar conscientes de sensibilidades alimentarias, opciones escolares, seguridad en Internet y sostenibilidad. Nunca antes se había esperado tanto de las madres.
  7. Sobrecarga de información: La era de la información nos abruma con más conocimiento del que podemos procesar y utilizar, lo que puede aumentar la presión y el estrés.
  8. Falta de tribus de apoyo: No tenemos comunidades de apoyo cercanas, lo que nos deja lidiar solos con la carga de la maternidad. Vivir sin otras madres e hijos alrededor para compartir alegrías y trabajo no es natural y puede ser agotador.
  9. Cuidados posnatales inadecuados: Los cuidados posnatales son insuficientes, haciendo que muchas madres comiencen su maternidad en modo de supervivencia. Este momento vulnerable requiere más apoyo del que nuestra cultura suele proporcionar.
  10. Energía limitada: La falta de sueño, el caos constante y el estrés mental agotan nuestra energía. La maternidad es demandante tanto física como emocionalmente.
  11. Familia extendida lejana: La falta de proximidad con la familia extendida reduce el apoyo disponible. Incluso cuando la familia está cerca, las diferencias en valores y prácticas de crianza pueden dificultar la colaboración.
  12. Desconexión con mayores: La falta de interacción intergeneracional nos priva de la sabiduría y apoyo de los mayores, que pueden ofrecer perspectivas valiosas y ayuda práctica.
  13. Cultura del coche: Los trayectos en coche con niños son agotadores y a menudo inevitables, creando una fuente constante de estrés para las madres.
  14. Programación biológica: Estamos biológicamente predispuestos a preocuparnos por los demás. Asumir múltiples roles puede llevar al agotamiento emocional y físico, sumando a la presión diaria.
  15. Batalla contra el marketing: Luchamos contra influencias externas como la adicción a las pantallas y el exceso de azúcar. Protegemos a nuestros hijos de estas realidades, enfrentando a mercadólogos y tendencias sociales mucho más grandes.
  16. Pocas opciones laborales flexibles: Los trabajos a tiempo parcial con beneficios son raros. Encontrar un empleo que ofrezca un equilibrio saludable entre trabajo y vida es complicado, aumentando el estrés.
  17. Modo de supervivencia: Tendemos a operar en modo de supervivencia debido a las exigencias de la maternidad. Reconfigurar nuestras mentes para prosperar requiere apoyo y autoconciencia.
  18. Pocos niños en el vecindario: La falta de niños en el vecindario aumenta la presión para mantener a nuestros hijos entretenidos y alejados de las pantallas, lo que puede ser agotador.
  19. Desconsideración en el trabajo: Las necesidades de las madres son frecuentemente ignoradas en el lugar de trabajo, lo que crea una tensión constante entre las responsabilidades laborales y familiares.
  20. Roles parentales cambiantes: A medida que más padres asumen roles activos en la crianza, las familias navegan por nuevos desafíos sin mucho apoyo, lo que puede estresar las relaciones.
  21. Mensajes poco saludables sobre independencia: La cultura celebra la independencia, haciendo que pedir ayuda se vea como una debilidad, a pesar de la necesidad de interdependencia.
  22. Hambrientas de conexiones profundas: Anhelamos conexiones auténticas y significativas, pero las conexiones superficiales y virtuales a menudo no son suficientes para satisfacer nuestras necesidades emocionales.
  23. Relaciones estresadas: Dependemos demasiado de nuestras parejas para el apoyo que nuestras comunidades deberían proporcionar, lo que puede poner una tensión significativa en nuestras relaciones.
  24. Necesidades desatendidas: Las necesidades de las madres son frecuentemente las últimas en ser consideradas. El autosacrificio es un patrón difícil de romper, especialmente cuando lo hemos visto en nuestras propias madres.
  25. Compensar carencias: Muchas madres desean proporcionar experiencias saludables y naturales para sus hijos, pero la urbanización y la falta de espacios verdes hacen que esto sea difícil. Ahora, en lugar de que los niños jueguen libremente en la naturaleza, debemos crear estas experiencias intencionalmente, lo que añade otra responsabilidad a nuestra ya larga lista de tareas.
  26. Atrapadas en el consumo: La cultura de consumo nos mantiene en un ciclo constante de comprar, organizar y deshacernos de cosas, lo cual puede ser agotador y abrumador. Aunque el acto de consumir puede ofrecer satisfacción temporal, no satisface nuestras necesidades más profundas de conexión y propósito, dejándonos con un sentimiento de vacío.
  27. Recuperación postparto rápida: Nos enseñan a recuperarnos rápidamente después del parto, lo cual deshonra la profunda transformación física y emocional que implica convertirse en madre. La presión para «volver a la normalidad» rápidamente ignora la necesidad de tiempo para adaptarse y sanar, y puede llevar a sentimientos de insuficiencia y frustración.
  28. Falta de rituales sagrados: Carecemos de ceremonias y rituales que honren adecuadamente las importantes transiciones en la vida de una mujer, como la menarquia, la maternidad y otros hitos significativos. Sin estos rituales, perdemos oportunidades importantes para conectar, reflexionar y celebrar nuestras experiencias y nuestra identidad femenina.
  29. Éxito inalcanzable: Las definiciones culturales de éxito a menudo no se alinean con lo que es posible o deseable para las madres. Nos sentimos presionadas para cumplir con estándares inalcanzables en todas las áreas de la vida, lo que puede llevar a una sensación constante de fracaso y baja autoestima.
  30. Evitar el dolor: Nuestra cultura nos enseña a evitar y minimizar las emociones incómodas, lo que puede hacer que nos sintamos inadecuadas cuando experimentamos las intensas emociones de la maternidad. En lugar de ver estas emociones como una parte natural y saludable de la vida, tendemos a reprimirlas, lo que puede aumentar el estrés y la frustración.
  31. Desconexión de historias y tradiciones: Estamos desconectadas de las historias, mitos y tradiciones que honran el viaje de la mujer y nos ayudan a dar sentido a nuestras vidas. La pérdida de estas tradiciones puede dejarnos sin un marco para entender y celebrar nuestras experiencias, contribuyendo a un sentimiento de aislamiento.
  32. Resistencia al envejecimiento: Nos condicionan a temer el envejecimiento y a valorar la juventud por encima de la experiencia y la sabiduría. Este temor nos impide abrazar plenamente las etapas posteriores de la vida, donde se encuentra una gran cantidad de sabiduría y plenitud. La resistencia al envejecimiento puede llevarnos a sentirnos insatisfechas y en constante lucha contra el proceso natural de la vida.
  33. Valoración insuficiente de los mayores: La falta de veneración por los mayores nos priva de los beneficios de su sabiduría y experiencia. En muchas culturas, los mayores ocupan un lugar de honor y proporcionan apoyo y orientación a las generaciones más jóvenes. Sin este respeto y conexión, perdemos una fuente valiosa de conocimiento y apoyo que podría enriquecer nuestras vidas y nuestra experiencia como madres.

La aceptación y naturaleza de la imperfección

Por supuesto, cada una de nosotras es humana, lo que significa que ninguna de nosotras es perfecta. Todas las madres son imperfectas, todo el tiempo. Pero esto no significa que haya algo mal con ellas.

La imperfección no es nuestro problema personal, es una parte natural de la existencia. Todos nos dejamos llevar por deseos y miedos, todos actuamos inconscientemente, todos enfermamos y nos deterioramos. Sin embargo, cuando nos relajamos ante la imperfección, ya no perdemos los momentos de nuestra vida en la búsqueda de ser diferentes y en el miedo a lo que está mal.

Las supervivientes de abuso también son imperfectas. Pero eso no significa que sean responsables de las decisiones de su agresor. No creamos las circunstancias mencionadas anteriormente. Pero podemos elegir reacciones más empoderadas ante ellas.

El valor de la frustración

Naturalmente, todos queremos reducir la sensación de frustración en nuestras vidas, pero creo que es esencial no hacerlo demasiado rápido. La frustración, al igual que todas las otras emociones desafiantes que sentimos día tras día, está ahí para mostrarnos algo. Cuando enmascaramos o minimizamos estas emociones con soluciones rápidas, y sin primero reconocer el regalo de iluminación que nos ofrecen, perdemos oportunidades de crecimiento y sanación.

Nuestras vidas cotidianas adquieren más propósito y significado cuando comenzamos a ver nuestras frustraciones como postes de luz en el camino de la transformación. Siempre hay luz iluminando el camino hacia la sabiduría y el florecimiento.

No estás sola. Conversemos.

¿Tienes puntos que agregar a la lista? Por favor, añade tu voz y perspectiva en la sección de comentarios. Mi único pedido para ti, si te sientes inspirada a unirte a la conversación, es que lo hagas desde un espíritu de servicio y no de victimismo. La iluminación colectiva es el objetivo, no culpar ni avergonzar.

Somos dignas de una conversación mejor y más grande, mamás. Una conversación creada por nosotras, para nosotras y al servicio de todas.

Hablemos y encontremos soluciones juntas

Entiendo que la frustración puede sentirse como una carga insuperable. Pero quiero que sepas que no estás sola. Estoy aquí para ayudarte a explorar tus sentimientos, proporcionarte herramientas prácticas y apoyarte en cada paso del camino hacia una vida más equilibrada y satisfactoria.

Si necesitas hablar, estoy disponible para escucharte y apoyarte en Terapéutica en Alza. Puedes contactarme para una consulta y juntos trabajaremos para encontrar soluciones que te ayuden a manejar la frustración, el estrés y la ansiedad.

Recuerda, buscar ayuda es un acto de valentía y cuidado hacia ti misma y tu familia. Estoy aquí para apoyarte. No dudes en dar el primer paso y contactarme.

Rebeca Aznar Gregorio

Psicóloga especializada en bienestar emocional y terapias de tercera generación. Con un enfoque empático y personalizado, ayuda a sus pacientes a encontrar equilibrio y bienestar, ofreciendo herramientas y técnicas adaptadas a sus necesidades individuales. Su profesionalidad y trato cercano la distinguen como una excelente guía en momentos difíciles.

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