Como dijo la canción de Bob Dylan, “the times they are a changin”, y la historia se repite. La tecnología marca el ritmo de la comunicación, cambiando la forma de relacionarnos tanto social como personalmente. Las necesidades sociales explotan y generan movimientos hasta el nivel político. Todo eso y mucho más sigue cambiando, más la adolescencia es uno de esos cambios que no cambia, representando la brecha generacional de la época.

En nuestra consulta de psicología recibimos a muchas familias cuyo conflicto nace de esta ruptura generacional, en la que la comunicación entre adultos y adolescentes se complica y entran en el riesgo de no entenderse y por lo tanto, no pueden expresar puntos de vista y necesidades de cada una de las partes. La adolescencia es un salto evolutivo del ser humano que le coloca un pie fuera de casa y mantiene el otro dentro, es un adulto de mentalidad explosiva, luchadora y deseosa de conquistar con sus propios medios.

Este momento evolutivo es sensible de generar conflictos que desestabilicen el clima en el hogar, en este caso de manera natural y sin tener que conllevar una patología, llevando a la familia a reorganizarse, replantearse las normas de convivencia y considerar que, aunque no haya llegado a la adultez, si que está dejando su lado infantil atrás.

En este artículo expondremos los elementos naturales que afectan al adolescente en este momento evolutivo de cambio y que, según como se gestione, pueden llevar a una transición más difícil y en algunos casos a dolencias y crisis que sí son sensibles de ser atendidas por un profesional de la psicología.

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El desarrollo biológico que conlleva crecer

Ganar musculatura, cambiar la voz, aparición general de bello corporal, curiosidad y confusión sobre asuntos sexuales, intensificación del olor corporal, ritmos de sueño más desordenados… todo ello refuerza el mismo mensaje, “te estás haciendo mayor”, y aunque todos deseemos ser capaces de enfrentarnos al mundo con nuestra determinación, este cambio siempre da pánico.

En la consulta psicológica solemos encontrarnos problemas de adaptación a los nuevos cambios, que luego se suman a los apartados que se expondrán más adelante. En algunos casos, el adolescente se repliega y trata de permanecer con su lado infantil todo el tiempo que sea posible, buscando cuidado y atención e incluso que le resuelvan los problemas, lo que se podría llamar sobreprotección. En otros casos, los repentinos cambios evolutivos llevan al adolescente a una impulsividad emocional que le hacen irritable, contestón y difícil de entender.

Es necesaria mucha empatía con los y las adolescentes, sobretodo de un modo asimétrico, es decir, no debemos exigirles lo mismo que nos exigimos a nosotros, aunque sí que hay que empezar a pedir responsabilidades. Si nos ponemos en su lugar, descubriremos que ya no nos necesitan al nivel de un niño o una niña pequeña, pero sí que les irá bien que hagamos de soporte, ser alguien en quien apoyarse cuando las cosas se tuerzan, eso es dar oportunidades.

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Los límites y las normas

Durante la infancia, las rutinas marcadas de manera adecuada facilitan la estabilidad mental y, por lo tanto, la seguridad. Los niños y niñas necesitan entornos predecibles donde desarrollar su juego, sus habilidades y ser felices. La adolescencia rompe esa dinámica, trayendo consigo un cuestionamiento de esas normas.

Toda familia tiene una filosofía propia, poniendo en primer lugar aquellos valores que la definen (el esfuerzo, la felicidad, ayudarse los unos a los otros…) con el objetivo del bienestar de sus miembros. En la adolescencia, el ser humano corrobora si esas normas se corresponden con sus necesidades vitales, comparando lo que descubre del mundo (fuera del hogar) con lo que le enseñaron en casa.

Cuando hay una distancia considerable entre lo aprendido en casa con lo descubierto en el mundo, la comunicación puede hacerse muy complicada, ya que la confusión genera desconfianza y, por lo tanto, el cuestionamiento será constante. Un ejemplo lo encontramos en consulta de psicología cuando un o una adolescente plantea “en casa me dicen que tengo que ser buena persona, honesta, cuando el mundo no es para los bondadosos, y eso es hipócrita y no lo soporto”. A pesar de que los principios familiares sean sanos, no se corresponden con su vivencia personal. Es importante que el o la adolescente tenga su espacio y tiempo para decidir cómo adaptar lo aprendido en casa con lo que desea fuera, y su familia necesita tener la oportunidad de encajar a un miembro con una identidad posiblemente diferente a lo esperado.

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Cómo se comunican con sus referentes

Los adultos también tenemos necesidades emocionales y es fácil que choquen con las del adolescente. Durante las crisis necesitamos  tiempo para readaptarnos, y eso también se corresponde con cambiar la manera de comunicarnos entre adultos y adolescentes.

¿Cómo se manifiestan estos problemas de comunicación? En algunas ocasiones, se fomenta una relación permisiva, en la que el adulto tiene miedo de que sus hijos/as sufran por sus errores, y les tratan siempre como niños/as. En otras ocasiones, son las relaciones autoritarias las que imponen responsabilidad al adolescente dejando de lado lo que sienta o piense.

Toda relación que trate de ser unidireccional, aunque sin desearlo, dejaran los deseos íntimos del adolescente en un segundo plano y, por lo tanto, acabará desarrollándolos independientemente de la familia, tratando de satisfacerlos en el colegio o en otros espacios.

Cuáles son sus primeras decisiones vitales y cuándo han de tomarlas

El primer cigarro, el primer trago, el primer beso, la primera relación sexual, conllevan experiencias muy emocionantes, pero también muy estresantes, en parte por la presión grupal que se pueda ejercer y, por otro lado, a qué edad toca esta difícil prueba de valor.

Este apartado coincide con el expuesto anteriormente, ya que si está permitido compartir este tipo de experiencias en familia, sus referentes podrán guiarle hacia el camino más seguro. No caigamos en el error de creer que “hablar de drogas” significa “legitimar el consumo de drogas”. Cuando unos padres honestos y desde la experiencia informan y guían a sus hijos, estos no se ven tan perdidos y, por lo tanto, presionados para experimentar de manera aislada.

Es habitual tener miedo a que nuestros hijos se enfrenten a estas situaciones, pero peor sería que no fuéramos conscientes de que ya las hayan tomado. Expresarnos abiertamente apoya la construcción de límites sanos para los adolescentes ya que, no lo olvidemos, padre y madre siguen siendo los líderes del hogar, aunque ahora las normas se negocien.

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El grupo de referencia, sus iguales

Una expresión típica adolescente (que todos hemos pensado o dicho en voz alta) es la de “no me importa lo que piensen los demás”, y es lo que desean, pero esta idea se contradice con una realidad, y es que se encuentran en un momento de separarse de su grupo de referencia (familia) y buscan ser aceptados en otro (compañeros, amigos, etc).

Separarse no es desligarse, volviendo a la expresión citada con anterioridad, un pie dentro mantiene la relación con la familia y el pie fuera lucha por encontrar su lugar e identidad entre iguales. Aquí residiría un grave problema que suele llevar a la familia a una terapia psicológica, cuando el adolescente cree que para conseguir sus objetivos tiene que romper vínculos con su familia. Al principio lo hace cuestionando, luego con explosiones de ira, y finalmente recurrirá a conductas como escapar de casa.

Como suelo expresar en los talleres que impartimos en las escuelas de padres, el verdadero conflicto de un “rebelde sin causa” no es ser rebelde, sino haber perdido la causa, su motivación. Mantener el vínculo con la familia, sin ataduras, es fundamental para que haya una segunda oportunidad en este tipo de situaciones.

Un ejemplo en el cine sobre los factores que afectan a la mente adolescente lo encontramos en “Lady Birth”, película que recomendamos, ya que expone de un modo muy natural tanto la presión a la que se ve sometida una adolescente como su modo de tratar de resolver sus deseos y dilemas, afectando también a la convivencia familiar. Os invitamos a reflexionar sobre cómo mantiene ese vínculo sano con su familia a pesar de las adversidades.

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