Retomamos la Terapia Presencial y mantenemos la Terapia Online

¡Llámanos!
653 694 007 info@terapeuticaenalza.es

Reconociendo el estrés

El término estrés indica la respuesta de adaptación producida por el cuerpo a un estímulo genérico procedente del exterior o del interior, que determina la activación del sistema endocrino, el sistema nervioso autónomo y el sistema inmunológico con la consiguiente producción de cambios corporales y mentales destinados a restablecer el equilibrio alterado. Por lo tanto, el estrés en sí mismo constituye una respuesta fisiológica a ciertos cambios y permite a nuestro cuerpo lograr la adaptación necesaria para sobrevivir. Sin embargo, cuando la reacción del estrés es demasiado intensa y sobre todo prolongada en el tiempo, las variaciones se estabilizan, predisponiendo al organismo a la aparición de problemas tanto físicos como psicológicos, incluso graves: esta situación que toma el nombre de de estrés determina una disminución de la capacidad de respuesta y de adaptación. Con el término «estresor» designamos los estímulos, las situaciones que determinan la respuesta al estrés. Si bien hay algunas situaciones objetivamente más estresantes que otras, cada una de ellas reacciona de acuerdo con un sistema muy personal de pensamientos aprendidos: esto significa que una experiencia estresante puede reforzarse o incluso crear estrés sobre la base de un estímulo ligeramente negativo.

Características del estrés

La reacción a un estímulo que altera nuestro equilibrio afecta a todo el organismo. El sistema nervioso autónomo proporciona la señal necesaria para aumentar la adrenalina y la norepinefrina con el fin de activar el cuerpo y prepararlo para afrontar o evitar la situación estresante lo antes posible. El sistema endocrino modifica la producción de diferentes hormonas: la norepinefrina y el cortisol aumentan, mientras que las hormonas sexuales disminuyen. El sistema inmunológico es muy sensible al estrés: inicialmente hay una disminución de la respuesta inmunológica, mientras que posteriormente hay un aumento de la producción de anticuerpos. Estos cambios son funcionales a la supervivencia, pero en situaciones en las que duran demasiado tiempo causan problemas, incluso bastante graves: Sensación frecuente de fatiga general, aceleración de los latidos del corazón, dificultad para concentrarse, ataques de pánico, ataques de llanto, depresión, ataques de ansiedad, trastornos del sueño, dolores musculares, úlcera de estómago, diarrea, calambres estomacales, colitis, mal funcionamiento de la glándula tiroidea, facilidad para tener enfermedades, dificultad para expresarse, aburrimiento en cada situación, necesidad frecuente de orinar, cambio de voz, hiperactividad, confusión mental, irritabilidad, disminución de las defensas inmunitarias, diabetes, hipertensión, dolor de cabeza.

Causas del estrés

De lo anterior se desprende que la respuesta al estrés, como respuesta vital para la adaptación, viene determinada por una situación externa o un estímulo interno que amenaza el equilibrio alcanzado. Es fundamental la percepción subjetiva que cada uno tiene del estímulo: el sistema de pensamiento personal influye en la forma en que la persona experimenta las situaciones. Esto explica por qué en los seres humanos el estrés también puede manifestarse en respuesta a estímulos internos, psíquicos (expectativas y recuerdos negativos) y por qué algunas personas experimentan situaciones tan estresantes que para otras no lo son, o al menos las personas producen respuestas de estrés de diferente intensidad ante el mismo estímulo, entendiéndose que algunas situaciones son objetivamente más estresantes que otras. Para entender mejor el significado de lo que se dice, analicemos lo que sucede. La respuesta de adaptación consta de tres fases distintas: 1) Fase de alerta: movilización de las energías defensivas (aumento de la frecuencia, presión cardíaca, tensión muscular, disminución de la secreción de saliva, aumento de la liberación de cortisol, etc.) 2) Fase de resistencia: intento del cuerpo de adaptarse a la situación; los mecanismos fisiológicos tienden a normalizarse, aunque el esfuerzo por alcanzar el equilibrio sea intenso. De hecho, si la condición estresante continúa, o es demasiado intensa, entramos en la 3) Fase de agotamiento: incapacidad del organismo para defenderse y adaptarse. En esta fase vemos la aparición de «enfermedades de adaptación» representadas, por ejemplo, por la diabetes o la hipertensión arterial (enfermedades psicosomáticas).

Cómo hacer frente al estrés

El estrés en sí mismo no es una patología, al contrario, es una respuesta necesaria para la supervivencia. Cada uno de nosotros se ha sentido estresado al menos una vez en la vida: por el trabajo, el estudio, los compromisos familiares. La vida cotidiana está marcada por muchos pequeños momentos de estrés que contribuyen a agotar los recursos del cuerpo. La respuesta de adaptación al estrés es, de hecho, un mecanismo compensatorio que nos permite adaptarnos a una situación adversa y que es la base de nuestra capacidad para hacerle frente: de esta manera se restablece el equilibrio correcto de las funciones biológicas. Todo esto conduce a una disminución del tono general del organismo, ciertamente debido al gasto de energía, pero sobre todo a las dificultades de recuperar la energía perdida. Cuando la duración e intensidad del estrés supera un cierto límite, la diferencia entre los recursos que necesita el organismo para hacer frente a la situación y lo que puede regenerarse aumenta progresivamente, provocando un desequilibrio y, por consiguiente, un agotamiento de las reservas del organismo. Por lo tanto, el tratamiento del estrés se diferencia en cuanto a la duración, la intensidad y las estrategias más o menos eficaces que la persona adopta para hacerle frente: si es un tratamiento más o menos limitado en el tiempo, relativamente intenso, pueden bastar las técnicas de relajación, que se realizan incluso a solas en casa, al límite algún remedio fitoterapéutico para el sistema hormonal y el sistema nervioso. Evidentemente, si se trata de una situación crónica, potencialmente muy peligrosa para nuestro organismo, es necesario intervenir también con psicoterapia y, si es necesario, en los casos más graves, con fármacos psicotrópicos prescritos por un médico, complementarios a una vía psicoterapéutica.

Consejos para quienes sufren estrés

Probablemente la terapia más eficaz para contrarrestar los efectos del estrés es la relajación, que puede lograrse mediante el uso de diversas técnicas. El verdadero bienestar se basa tanto en el cuerpo como en la mente, considerados en su vínculo indisoluble. Relajarse significa descansar física y psicológicamente, reduciendo el estado de tensión que prepara al cuerpo para la acción, haciéndonos sentir inquietos e incómodos a través de un entrenamiento progresivo en autocontrol y relajación muscular. Veamos las técnicas más utilizadas:

Biofeedback (retroalimentación biológica): enseña a relajarse y a gestionar funciones de nuestro cuerpo consideradas independientes de nuestra voluntad, como la tensión nerviosa, los latidos del corazón, la sudoración, etc… Una máquina está conectada al músculo de la frente por tres sensores que captan el estado de tensión de los músculos frontales, indicativo del nivel de estrés de todo el cuerpo, y lo convierten en una señal acústica, cuanto más frecuente, más alto será el nivel de estrés. De esta manera la persona percibe su tensión emocional en tiempo real y, tratando de evitar que la máquina suene, aprende a practicar para volver a la normalidad sus funciones internas. Los resultados se obtienen a medio-largo plazo: normalmente el tratamiento dura 12-15 sesiones de 30-40 minutos cada una que se realizan 1 o 2 veces a la semana.

El entrenamiento autógeno: diseñado por el psiquiatra alemán Shultz, se basa en una serie de ejercicios a repetir con constancia y disciplina durante unos minutos al día, para lograr un estado de relajación muscular y psicoemocional autoprovocado (autógeno precisamente). s practicar acostado en un sofá o un sillón, en un ambiente tranquilo, en la semioscuridad, desabrochándose los cinturones y con la ropa demasiado ajustada. Además de los ejercicios básicos, como la autoinducción de la calma, la sensación progresiva de peso y el calor, se practican ejercicios complementarios, como ejercicios cardíacos, de respiración y de frente fresca, que provocan una relajación aún más profunda. La clave es la consistencia en el entrenamiento, que debe continuar por lo menos durante seis meses.
Relajación muscular progresiva: método basado en el aprendizaje de la descontracción muscular voluntaria, centrándose en la conciencia de la persona sobre el estado de contracción o relajación de cada grupo muscular, revisando gradualmente todo el cuerpo, concentrándose en un músculo por sesión, hasta lograr la descontracción total. El aprendizaje es bastante complejo y duradero (un año y más).

  • Control de la respiración: una técnica basada en el supuesto de que la respiración y la tensión muscular están directamente conectadas; la tensión nerviosa altera el ritmo y la profundidad de la respiración, con la consiguiente disminución de la oxigenación de la sangre. El entrenamiento consiste en volver a aprender voluntariamente los modos de respiración diafragmática, que es un método natural de relajación.
  • Acupuntura : aplicación de agujas de tal manera que promueva la producción de tranquilizantes internos (endorfinas); causa relajación muscular, disminución de los latidos del corazón, disminución de la presión sanguínea. Cada sesión dura 30-40 minutos, los beneficios ya se sienten después de 3-4 sesiones, pero es efectivo en niveles de estrés no muy altos.
  • Terapia musical: escucha a bajo volumen de pistas lentas y repetitivas según los gustos de la persona que determina un aumento de la «actividad del hemisferio derecho del cerebro, responsable de la imaginación y la creatividad, con una disminución del trabajo del hemisferio izquierdo, hogar del lenguaje, el pensamiento racional y la capacidad de cálculo.
  • Masaje : Ejerce una acción relajante y estimulante sobre la circulación local, produciendo un efecto calmante a través del contacto físico. Es efectivo en niveles bajos de estrés.

El estrés y la psicoterapia

Eventualmente es posible emprender un camino psicoterapéutico que permite trabajar en el estrés mediante el aprendizaje de la autorregulación y el entrenamiento para una mayor autonomía, mayor placer y bienestar; entrenamiento para administrar mejor el tiempo, los recursos financieros y otros tipos de recursos, así como la vida relacional y social de la persona. En resumen, el punto es tratar de equilibrar las satisfacciones y frustraciones diarias.

1

¡Hola!
¿Podemos ayudarte?

*Para asegurar que tus datos son confidenciales
cumplimos estrictamente la ley de protección de datos.
La información que nos transmites es debidamente protegida.
Al continuar, aceptas la política de privacidad.