Voy a empezar por donde suelen empezar las mujeres que llegan a mi consulta por esto, porque es la frase que más veces he oído y la que más daño hace: “yo sí quiero, pero mi cuerpo dice que no”.

A veces llevan años con esa contradicción encima. Han probado a relajarse, a beber una copa de vino, a ponerle ganas, a no pensar. Han escuchado que es cuestión de tiempo, que ya se soltarán, que están muy nerviosas. Y siguen en el mismo sitio.

El vaginismo es exactamente eso: un espasmo o contracción involuntaria de los músculos vaginales y del suelo pélvico que rodean la entrada de la vagina, que dificulta o impide la penetración vaginal aunque haya deseo. Involuntaria significa que no la decides tú. Igual que no decides parpadear cuando algo se acerca a tu ojo. Es, en términos clínicos, una disfunción sexual femenina, y una de las más frecuentes.

Que quede claro desde la primera línea: esto no es un problema de voluntad, ni de amor, ni de ser demasiado estrecha. Es una contracción muscular, y como tal se puede trabajar desde la sexología y la psicoterapia.

Qué es el vaginismo y qué no es

Empecemos por desmontar lo que a estas alturas todavía se dice en consultas, en grupos de amigas y en algún que otro dormitorio.

No es que tengas la vagina pequeña. La anatomía rara vez es el problema: los músculos de la vagina son capaces de adaptarse a un parto, así que el tamaño no es lo que impide el coito. Cuando alguien te dice que “estás muy estrecha” está describiendo lo que nota, no lo que pasa. Lo que hay no es una vagina más pequeña, sino unos músculos que rodean la vagina y que se cierran como un puño ante el miedo al dolor.

Tampoco es frigidez, una palabra que deberíamos haber jubilado hace décadas. Muchas mujeres que sufren vaginismo tienen deseo, se excitan, disfrutan de otras formas de actividad sexual y llegan al orgasmo. Lo que no pueden es mantener relaciones sexuales con penetración.

Y no es raro, aunque lo parezca. Parece raro porque no se habla.

Tipos de vaginismo: primario y secundario

Se suele diferenciar entre dos formas, y no es un tecnicismo inútil: cambia la historia que hay detrás.

El vaginismo primario aparece desde las primeras relaciones sexuales, o incluso antes: hay mujeres que lo descubren intentando ponerse un tampón o en un primer examen pélvico con el ginecólogo. El vaginismo secundario llega después de una etapa en la que la relación sexual con penetración era posible y sin dolor, y suele tener un antes y un después identificable: un parto complicado, una infección de repetición, una cirugía, la sequedad vaginal de la menopausia, una relación en la que hubo presión.

Saber de qué tipo de vaginismo hablamos no es ponerte una etiqueta: es saber en qué momento se cerró la puerta, y eso cambia por dónde empezar. Esa información sale de tu historia clínica, no de una prueba.

Síntomas del vaginismo: no se quedan en la relación sexual

Esta es la parte que casi ningún artículo cuenta, y es la que más sola hace sentir.

Está el intento de relación sexual que termina en dolor, en bloqueo o en llanto. Pero también está la revisión ginecológica que se pospone año tras año. El tampón que nunca se ha podido usar. La copa menstrual descartada sin probar. El dedo propio que tampoco entra.

Y está lo que viene después: la sensación de estar fallándole a alguien, la culpa, las excusas para evitar la situación, el ir apagando la vida sexual entera para no llegar al momento en que todo se tuerce. Muchas mujeres acaban evitando también las caricias y los besos, porque temen que despierten una expectativa que luego no van a poder cumplir.

Si esto te está describiendo, quiero que leas la siguiente frase despacio: no tienes que poder con esto tú sola, y no tienes que explicar nada que te dé vergüenza antes de estar preparada. En Terapéutica en Alza tratamos estas consultas en Zaragoza con total naturalidad y sin juicios. Puedes escribir al 653 694 007 y contarlo con las palabras que te salgan, aunque sean pocas.

Causas del vaginismo: por qué se cierra un cuerpo que sí quiere

El origen suele ser multifactorial, y por eso las respuestas simples no ayudan. En unos casos pesa más la ansiedad anticipatoria, en otros un trauma previo, en otros un tabú aprendido que nadie ha revisado nunca en voz alta.

Hay causas físicas que conviene descartar siempre con un examen ginecológico: infecciones, endometriosis, cicatrices de un parto o una episiotomía, alteraciones dermatológicas, sequedad vaginal. Que el vaginismo se trabaje en psicología no significa que el cuerpo no importe: significa que hay que mirar las dos cosas, y que el tratamiento adecuado casi siempre es compartido entre psicología y el profesional de la salud que valora la zona.

Y luego están las causas psicológicas, que en la mayoría de los casos son las que sostienen el problema en el tiempo.

Causas psicológicas: lo que aprendimos, y lo que no, sobre el sexo

Está la educación sexual que recibimos, o más bien la que no recibimos: el sexo como algo que se aguanta, el dolor de la primera vez presentado como un peaje normal, el cuerpo como territorio del que mejor no preguntar demasiado. Está el miedo al embarazo. Está la culpa aprendida en entornos donde el deseo era algo de lo que avergonzarse.

Está también, en bastantes casos, una experiencia previa de dolor sexual o de coerción. Cuando el cuerpo ha vivido la penetración como algo que dolió o que no eligió, aprende a protegerse, y ese aprendizaje no se borra con buenas intenciones. No hace falta un trauma enorme: basta con repetir varias veces una experiencia dolorosa para que el suelo pélvico empiece a anticiparse. A eso se le suma casi siempre un sentimiento de culpa que nadie ha puesto ahí a propósito y que pesa igual.

Y está el bucle. Duele, así que la próxima vez hay miedo. Hay miedo, así que los músculos se tensan antes de que empiece nada. Se tensan, así que duele más. El vaginismo se alimenta de la expectativa del dolor, no solo del dolor. Por eso el componente psicológico pesa tanto: no basta con que la musculatura se relaje una vez, hace falta que tu sistema de alarma deje de dar la orden.

Diagnóstico del vaginismo: lo que el DSM-5 cambió

Un apunte técnico que traduzco enseguida, porque explica mucho.

Hasta 2013, vaginismo y dispareunia (el dolor en las relaciones sexuales) se diagnosticaban por separado. El DSM-5 los fusionó en una sola categoría: el trastorno de dolor génito-pélvico/penetración. ¿El motivo? Que en la práctica clínica casi nunca aparecen limpios y separados: la mujer que tiene dolor acaba contrayendo, y la que contrae acaba teniendo dolor.

Para ti eso significa una cosa muy concreta: no necesitas tener claro cuál de los dos “te toca” para pedir ayuda. Si te interesa la diferencia, la desarrollamos aquí: dispareunia, el dolor en las relaciones sexuales.

Tratamiento del vaginismo: cómo se puede superar el vaginismo

El vaginismo tiene tratamiento y el pronóstico suele ser bueno. Esa es la parte esperanzadora, y la digo sin inflarla: no es magia ni es rápido, pero se avanza, y la mayoría de mujeres con vaginismo recuperan una vida sexual satisfactoria.

El abordaje habitual para tratar el vaginismo combina varias manos. Por un lado, fisioterapia del suelo pélvico, donde se trabaja con ejercicios de Kegel y con aprender a relajar los músculos, para que recuperes conciencia de una zona que probablemente lleves años tratando como territorio enemigo. Por otro, terapia sexual, que es donde entro yo: el miedo anticipatorio, la historia que hay detrás, la relación con tu propio cuerpo y, cuando existe, la experiencia que dejó huella. El uso progresivo de dilatadores vaginales aparece en muchos protocolos, siempre guiado y a tu ritmo, nunca como una carrera contrarreloj.

Lo que no funciona es forzar. Cada intento doloroso confirma al cuerpo que tenía razón en cerrarse.

Si quieres ver cómo enfocamos esto, puedes echar un vistazo a nuestra página de disfunciones sexuales o a qué hace exactamente un sexólogo, que es una duda muy razonable antes de pedir cita.

¿El vaginismo causa infertilidad?

No. El vaginismo no afecta a la ovulación, ni a las trompas, ni al útero, así que no causa infertilidad en sentido estricto.

Lo que sí puede hacer es dificultar el embarazo por la vía habitual, sencillamente porque impide el coito. Muchas mujeres con vaginismo descubren el problema cuando empiezan a buscar embarazo, y llegan a consulta con una urgencia añadida que conviene bajar. Lo primero no es el calendario: es relajar los músculos del suelo pélvico y devolverte la sensación de que tu cuerpo es tuyo.

¿Y la pareja, dónde se pone?

En medio, no enfrente.

He visto parejas que llevan años sin hablarlo, cada uno convencido de una versión distinta: ella pensando que él se va a cansar, él pensando que ella ya no le desea. Los dos sufriendo lo mismo desde dos sillas diferentes y sin decírselo.

Cuando eso se pone sobre la mesa, cambia el clima antes incluso de que cambie el cuerpo. Y sí, se puede hacer acompañados.

Si has llegado hasta aquí

Me imagino que leer esto te habrá removido algo, porque pocas personas buscan la palabra vaginismo por curiosidad.

Solo quiero que te lleves esto: tu cuerpo no te está traicionando. Está protegiéndote de algo, con más insistencia de la que ahora necesitas, y eso se puede revisar. Tampoco hace falta que llegues con un discurso preparado ni que sepas ponerle nombre a lo que te pasó.

Si te apetece dar el paso, estamos en el centro de Zaragoza y también atendemos online. Ven cuando quieras, y hablamos.

Miguel Ángel Solano Bes

Psicólogo especialista en terapia de pareja y sexología. Cocoordinador de voluntariado en Fundación Down Zaragoza para la discapacidad intelectual.

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